Liderando Elefantes Blancos

¿Se puede optimizar procesos que ya están optimizados? La respuesta a esta pregunta debe ser categórica y definitiva. Su respuesta es "sí". Si nos encontráramos ante una respuesta negativa negaríamos todos los avances en los procesos operacionales, desde la invención de la rueda, hasta los viajes espaciales. Además, debemos recordar que todos los procesos de optimización se hacen sobre procesos que ya estuvieron en algún momento en su etapa óptima. 
Estos procesos de optimización permanente es lo que llamamos mejoramiento continuo. Sin embargo, no son gratuitos, se requiere inversión, innovación, compromiso, liderazgo, talento y sobretodo tolerancia a la frustración, porque ante la innovación y el mejoramiento continuo lo más probable es que nos encontremos ante fracasos.
Muchas iniciativas que terminaron en fracasos, son los que denominamos “elefantes blancos”, término que hace referencia a la costumbre de los reyes en Tailandia de regalar elefantes blancos a sus colaboradores menos queridos, los que tenían que mantener, alimentar, cuidar y permitir el acceso de otros súbditos para que los veneraran. Esto le generaba mayores gastos que beneficios al desafortunado depositario de la generosidad del rey.
Estos “elefantes blancos”, en los procesos operacionales, quedan como un mudo testigo de la necesidad de innovar, de optimizar algún proceso para hacerlo mas eficiente, pero fracasaron porque algunos de los supuestos en sus etapas de diseño o implementación fueron equivocados. Hay elefantes blancos visibles y los hay también invisibles. Los visibles son aquellos materializados en proyectos de infraestructura y se pueden apreciar en toda su magnitud, incluso algunos de ellos han sido bautizados con los nombres de quienes se “atrevieron” a innovar. Los invisibles son mas difíciles de definir, corresponden, generalmente, a proyectos de mejoramientos de procesos, mediante consultorías, que buscan impactar en procesos de gestión de recursos o prácticas operacionales. Estos elefantes blancos se hacen visibles en los estados de resultados, cuando se hace evidente que los beneficios prometidos no se hacen efectivos, ya sea que esta promesa haya sido a través de una mejora económica, social o de algún otro tipo.
Afortunadamente, los grandes elefantes blancos son escasos, en muy pocas oportunidades confluyen todos los factores para que los fracasos sean a nivel de una catástrofe, pero los elefantes blancos de pequeño tamaño son muchos y los hay por todas partes. Es mucho más fácil encontrar una tapa que no tape, una rueda que no ruede, una planificación que no planifique a encontrar un puente que no te permita cruzar un río, es por ésto que este puente será noticia a nivel mundial.
Sin embargo, hay algo que nos dejan esos elefantes blancos, sean grandes o pequeños, se llama aprendizaje. Y allí es donde debieran aparecer las características propias de todo líder: capitalizar el aprendizaje, canalizar la frustración, potenciar el talento, promover la inversión para hacer de ese fracaso un paso en la dirección del éxito. Cuando todos piensan en que se ha retrocedido, quien tiene las responsabilidades de liderazgo debe tomar el control, motivar nuevamente al equipo y perseverar en la innovación, porque ésta es la forma en que la humanidad ha avanzado desde la invención de la rueda, hasta los viajes espaciales, liderando elefantes blancos.

Dagoberto Pérez Herrera
Magister en Gestión de Negocio Minero UAI

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